Caso documentado por Martha Coca, 2009

“Está integrada por mujeres madres, esposas, hijas, familiares de personas cuyos sus esposos, hijos, familiares, han sido víctimas directas de los delitos de homicidio y los de lesa humanidad, la desaparición forzada y el desplazamiento.   La conforman mujeres y hombres de las comunidades de San Francisco, Juan XXIIII, Matia Mulumba y la Gloria, los tres primeros barrios de Buenaventura y el último sector rural-urbano de la ciudad, integrado por el Esfuerzo, la Rivera y la Gloria.

 

Su identidad se recrea en torno a la construcción social de un rito de duelo representado en el velorio.  Este escenario social es un encuentro de resistencia social frente a la muerte y a la destrucción del tejido social.  Las muertes ocasionadas por actores armados no se silencian ni se ocultan.  Puestas en escena en el velorio a partir de los arrullos, las danzas, los alabados, los abrazos, se convierten en un ritual de construcción de memorias individuales que se van tejiendo con las memorias colectivas de una sociedad históricamente afectada por el conflicto. Ellas asumen el espacio social de la casa del doliente, las actividades públicas y las del ámbito “privado”. “Todo lo que necesita la persona para que le entreguen su ser querido muerto, los trámites, preparación y acompañamiento a la entrega del cuerpo, medicina legal, la fotocopia, conseguir la plata del transporte, conseguir desde el café de la casa, las velas, el biche, la compra de alimentos”. Todas las actividades del espacio público y privado quedan a cargo de las madres a partir de una meticulosa disposición a hacer suyo en forma comunitaria el dolor ajeno. 

 

No tienen una estructura formal, solo se coordinan y distribuyen funciones de acuerdo al sector del velorio y se forman grupos para distribuir actividades, participar y hacer relevos por tiempos y compromisos.

 

Además del comercio legal, Buenaventura principal puerto de Colombia en el Pacífico, mueve uno ilegal muy fuerte como el tráfico de armas, cocaína e insumos para su procesamiento. La presencia primero de las guerrillas y luego de los paramilitares, ha exacerbado la disputa territorial que se concreta en constantes actos de terror como las bombas, la muerte a taxistas, la desaparición forzada, las violaciones sexuales, así como la muerte e intimidación de líderes comunitarios, desmembramiento de cadáveres y exigencia de pago a las familias para entregar sus cuerpos, utilización de niños y jóvenes de las escuelas para trasportar armas y drogas.  Buenaventura es una de las ciudades “más pobres en Colombia, el 80% de sus hogares viven en condición de pobreza, según el DANE”.  Desde el año 2005, los barrios que tienen entrada al mar han sido los más expuestos a los actos de guerra que se libran en el enfrentamiento entre grupos armados.

 

Para el rito del velorio “vestimos con ropaje negro: en representación de las madres y esposas viudas” y se hace una “muralla de la placa del ser querido, en cartón y se vela en el suelo, como una forma de representar la caída del ser querido, acribillado.  La vela encendida también es la señal de no dejar apagar la vela sino prendida para que hagan justicia divina por nosotros”.[3]. La movilización se da en lugares de frontera como la casa del difunto que se convierte en escenario comunitario por el repertorio que exigen los velorios comunitarios apoyados por los grupos barriales. 

 

El movimiento se congrega en torno al acompañamiento comunitario en los velorios, una apuesta por procesos de reparación y reconciliación en el marco de los procesos de Justicia y Paz, y la visibilización e incidencia política, estos dos últimos mediados interinstitucionalmente por REDEPAZ. Así mantienen una dinámica que se concreta en una labor comunitaria en Buenaventura y a la vez se conectan con la red a nivel nacional.

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Madres por la vida, Buenaventura, Valle