Caso documentado por Jairo Chaparro, 2011

 

La Asociación de Productores de Cebolla Limpia de Aquitania -PARCELA-, nace el 18 de agosto de 2006 como resultado de una serie de reuniones y capacitaciones participativas promovidas por CORPOICA, CORPOBOYACÁ y la Corporación para el Desarrollo Participativo y Sostenible de los Pequeños Agricultores -PBA-. Tales entidades estaban preocupadas por la “pérdida de sostenibilidad del suelo agropecuario, la amenaza de contaminación y deterioro del lago de Tota, los altos costos de producción y la disminución de los rendimientos de los cultivos de cebolla en Aquitania” (CORPOICA: 2006)[1].

 

Su surgimiento desde iniciativas externas le confiere una primera limitación. “La Asociación Parcela, la organizó, nació prácticamente de CORPOBOYACÁ a raíz de la contaminación excesiva de gallinaza y de agroquímicos. Entonces (la entidad) decidió que tenían que formar un grupo participativo local donde hubiera personas que comenzaran a tener una visión diferente, cambiar un poquito la mentalidad (…) iniciamos Parcela con 42 productores, luego subimos a 58 y ahora estamos 25 personas en la Asociación (…) porque la mayoría de la gente dice “¿y eso pa’ qué me sirve, yo así como estoy bien, yo  estoy ganando dinero” [2].

 

La idea central que CORPOYACÁ, CORPOICA y la Corporación PBA impulsan entre los miembros de Parcela es: implanten con nuestra orientación y asesoría Buenas Prácticas Agrícolas (BPA) que garanticen la inocuidad de la cebolla y una mejor relación de sus cultivos con el medio ambiente. Luego de un tiempo obtendrán la certificación BPA de sus fincas y eso les permitirá mejores condiciones de comercialización de las cosechas. En ese sentido la misión que se plantea Parcela es “…desarrollar la producción limpia de cebolla en rama, donde la calidad del producto esté dada por la sanidad del mismo y su interacción con el medio ambiente” (PARCELA: 2006)[3]

 

Sin embargo, el mercado tiene otros comportamientos que no estimulan estas iniciativas. “Nosotros en este momento tenemos un problema, en este momento se están certificando 20 agricultores, y ellos dicen, pero pa’qué, si nosotros vamos a tener el problema de que con buenas prácticas agrícolas no se va a producir la misma calidad de cebolla que se produce sin tener en cuenta absolutamente nada de buenas prácticas agrícolas (…) Allá en Abastos nadie sabe que es cebolla diferente o que ésta cebolla va con unas características diferentes, porque nadie se preocupa por eso. Corpoica está trabajando con unos intermediarios y ya hubo una reunión y fueron a preguntarle al intermediario si él sabía qué eran las buenas prácticas agrícolas y dijo ‘no sé, yo lo que necesito es que me vendan cebolla como a mí me la piden y punto’ (…). Eso le da a uno a ver que el gobierno no se ha preocupado por promocionar esa clase de productos. Al intermediario se le dice ‘es que este producto limpio tiene un mayor valor’, y él dice ‘no, yo aquí pago es por calidad: si la cebolla me la traen parejita, parejita la pago, si me la traen gruesa, gruesa la pago’. El resto, el contenido del producto, no les interesa”[4].

 

Aun así, en sus cinco años de existencia la Asociación ha logrado concretar, con el apoyo de las entidades públicas y de la ONG que la promueven, acciones experimentales, aunque muy puntuales, de producción de semillas limpias in vitro, muestreos de suelo para establecer su composición físico química y orientar de acuerdo a ella el manejo de los cultivos, producción y uso de abono compostado con gallinaza, pelanza de cebolla, elodea, melaza y cascarilla de arroz y producción de pasta de cebolla y de cebolla limpia empacada al vacío.

 

Los dos proyectos más importantes para la Asociación han sido el de producción de abono orgánico no contaminante y la producción de pasta de cebolla y de cebolla empacada al vacío.  El primero se paralizó por los costos y la falta de continuidad en el apoyo institucional aunque deja como saldo positivo que los integrantes siguen utilizando en sus predios, a pequeña escala, abono compostado y limpio. Pero además el proceso ha permitido a los miembros de Parcela construir miradas de largo plazo diferentes a las que predominan entre los productores de cebolla de Aquitania. “Aquí en Aquitania (…) los productores no tenemos un respeto por la parte ecológica (…) aquí pensamos es con el billete. Si yo tengo harto billete eso es bueno, de resto a mí no me interesa absolutamente nada, a mí no me interesa si yo le metí tantos químicos a los alimentos que de pronto pueden envenenar, a mí me interesa es que eso me produzca; ese es el pensamiento general aquí del habitante, del productor de cebolla (…) Los que estamos en Parcela somos gente que ya hemos tenido un cambio de mentalidad que hemos tenido a través de las capacitaciones, además de lo sentimental, de quererse uno mismo, con la parte ecológica y del medio ambiente, decimos “si hacemos esto, en el futuro va a ser bien para nuestros hijos, nietos, tataranietos”, eso es así, aunque seamos muy poquitos”[5].

 

El valor más importante de Parcela es que está promoviendo un cambio cultural con respecto al medio ambiente y la salud pública. Su mayor dificultad es que ese cambio se está dando en un grupo muy pequeño de la población.

 

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